Traducción: uno de William Carlos Williams
William Carlos Williams
Poema
Como el gato
que subió arriba
de la alacena
primero
suavemente la pata
derecha de adelante
y después la de atrás
borrándose en lo oscuro
del macetón vacío.
Uno de Abejas: Pido mi puesto
Alejandro Crotto
Pido mi puesto
Frotá en mis ojos menta y nieve, y con las uñas
que hace un rato rayaron de naranja las nubes
desprendeme las costras, rascá el óxido;
teneme de los hombros, restregame
en el limón de pulpas ácidas, y con tu limpio
soplo aliviá el ardor mientras me das de nuevo.
Porque pido mi puesto, despertar.
Uno de Abejas: Entierro de Guillermo Martínez
Alejandro Crotto
Entierro de Guillermo Martínez
Se activa el óvulo sembrado, alarga manos, piernas,
forma sus órganos, aumenta, afina rasgos,
y abre a la madre, nace, asoma su ojo de varón al ruido,
se hace de dientes y palabras guaraníes,
alcanza rápido su máxima estatura, engendra
en otra dos que no prosperan y se va,
es veintiún años en la sierra cordobesa hachero,
amplía manos, célibe se encoge un poco y endurece
los ojos contra el sol, todo fajado por las hernias,
la cara más enorme cada vez con menos dientes, y recala
de cuidador del campo familiar de veraneo
en la casa ermitaña del arroyo entre espinillos,
y en verano porteños de cambiantes estaturas
lo buscan fascinados, y él se ríe, les traduce
un poco el guaraní, les da del guiso de cotorras
que come tras cazarlas con gomera y piedrecitas
-el índice doblado y el pulgar hacen la horqueta-
puesto con naturalidad tan fácil en el mundo,
con toda la verdad de su gastado cuerpo, y cede
ayer, queda sentado bajo el sauce con los ojos
opacos que ven lejos, y no hay nadie
a quien avisar nada, y ahora le damos tierra,
acostado y envuelto en arpillera hasta los hombros
entre el zumbido azul del sol al mediodía,
sembrado a su creciente eternidad.
Uno de Abejas: Mira el padre joven la ecografía...
Alejandro Crotto
Mira el padre joven la ecografía donde sumergida en el líquido amniótico late su hija de cinco meses, y le habla
Venida desde dónde
con inminente cara y peso entre las cosas, casi lista,
acuclillada abriéndote en la tibia enredadera de tus venas
con propio corazón,
salto de humor,
surgida al tiempo, enjambre: bienvenida
a las aguas redondas de tu madre,
bienvenida a la tierra.
Uno de Abejas: Mediodía
Alejandro Crotto
Mediodía
Bajo el cielo sin nubes, en la mesa, ahí están:
tallarines con salsa de tomates,
un pan quebrado y agua, vino.
Ahí está la harina con el huevo y las manos.
Ahí está el trigo, las uvas que tomaron sol y noche,
y los tomates destruidos, salpicados de queso,
el agua limpia.
Ahí están: mirá y olé y masticá feliz, devotamente
Uno de Abejas: En el haras Vadarkablar
Alejandro Crotto
En el haras Vadarkablar
Hasta el corral de tierra y tablas
trajeron al retajo,
un criollo sin halo genealógico,
sin nombre inglés o propio o sangre pura,
a que probara conocer si estaba lista la alazana
alzada como un dios entre jejenes en la luz amarilla de la tarde
con tormenta de fondo; a ver si estaba honda y dispuesta,
veterinarios jóvenes de blancos guardapolvos entreabiertos
entraron el retajo lazo al cuello, y el caballo
meneaba cabizbajo entre resoplos la cabeza y de repente
la levantaba señalando a la alazana espléndida; y la yegua
tirante, sus ollares finísimos alerta, casi ciervo,
miraba de reojo mientras daba su grupa florecida,
y se hizo agua un poquito, se iba abriendo, parpadeaba
su sexo, y apartaba la cola, y el criollo
era potencia aproximándose creciente
hasta montar la yegua y lo desviaron
las manos enguantadas, lo sacaron tirándolo del lazo y uno dijo
“está lista, buscalo al Equalize que por las dudas la maneo”
y mientras se acercaba por momentos de costado
luego enseguida pecho al frente,
desplegándose altivo, cabeceando
el aire que rompía al paso fino,
el padrillo valioso, se llevaron al otro hasta un corral
con bebedero hasta mañana, y el retajo
ya manso, hocico en agua,
temblaba en ráfagas oscuras
con mínimos relámpagos, no había viento,
se venía la noche.
Uno de Abejas: Le hablo a su cuerpo que duerme
Alejandro Crotto
Le hablo a su cuerpo que duerme
Ahí estás: un animal desparramado que respira
en la luz verdadera de la siesta,
y hace un rato tu ritmo trotó rápido, cuerpo
largo y sembrado y tibio.
Huelo tu olor; huelo tu olor revuelto, fértil.
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