Dos con primera estrofa poderosa



José Ángel Valente


Consiento

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.

No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.

Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día.
y he creído,
soy capaz de morir.



Héctor Viel Temperley


Pampa de Achala

Hay que tirar muy fuerte
para abrir la ventana
del baño, pero el aire
que afeita como el hielo
es Dios de nuevo.

Le digo adiós a un hombre
que miraba el invierno
y tenía una nieta
y un hotel,
allá arriba,
que era como mi casa.
Le digo adiós a un hombre
que se llamó Juan Reymond.

Le digo adiós a un hombre
y a una mujer jóvenes
naufragando en el viento,
sobre nubes y sábanas
y caballos pequeños.

Las nubes, como lunas
húmedas, van pasando
y es como leche de mujer
la pampa
con el caballo al paso.
Ya no veo.