Poema con cuadro I


Ilya Repin; Los cosacos zaporogos le escriben al Sultán de Turquía


Héctor Viel Temperley

Crawl

(...)
Vengo de comulgar y estoy en éxtasis
aunque comulgué con los cosacos
sentados a una mesa bajo el cielo


y los eucaliptos que con ellos
se cimbran estos días bochornosos


en que camino hasta las areneras
del sur de la ciudad
-el vizcaíno
santa adela,
la elisa-


(a la sombra hay un loco, y hay un árbol
muy alto
y alguien dice “cristo en rusia”)

e insolado hablo al yo que está en su orilla,

ansío su aventura
en otro hombre,

y a la hora en que no sé si tuve esclava,
si busco a dios,
si quiero ser o serme,

si fui vendido a tierra o si amo poco,

sé que Él quiere venir pero no puede
cruzar –si no lo robo como a un banco
pesado de galeote-
esa balanza

que es tanta hacia ambos lados
atrancando mis puertas:

la abierta, marginal, no interrumpida
matriz sin cabecera
donde gateó la vida,

donde algunos gatean

y su alma sólo traga lo mismo que el mar traga:

aletas, playas solas e iguales, hombres débiles

y una pared espesa
de cetáceo y de fábrica.

(...)

Traducción: un poema de G.K. Chesterton



G.K. Chesterton

Eclesiastés

Hay un pecado, sí: decir que la hoja verde
es gris. Y hace que se estremezca el sol.
Hay una forma de blasfemia: orar pidiendo
la muerte; sólo Dios conoce su riqueza.

Hay una verdad: bajo ningún horror alado
olvidan los manzanos dar manzanas.
Hay una sola cosa necesaria -Todo-
y el resto es vanidad de vanidades.

El Señor Corominas


La palabra cacho proviene del latin caccabus, que significaba olla. Por proximidad, pasó a significar recipiente de loza o barro (de ahí cacharro). Luego -seguramente por la tendencia de estos recipientes a romperse- pedazo de dichos recipientes y luego pedazo de cualquier cosa, incluso de tiempo. A fines del siglo XV ya se podía leer algo como "Espérame un cacho"

Evidentemente, alguien vio o entendió mal algo, porque la palabra búfalo proviene del latín clásico bubalus, y esta palabra a su vez del griego boubalos que significa gacela.

La palabra baladí proviene del árabe bálad, que significa tierra o provincia. Baladí significa hasta el siglo XV simplemente oriundo del lugar, indígena, y sólo luego paso a tener el significado de superficial, despreciable.

Dos poemas con concepción y aborto


César Mermet

Honrosa servidumbre

Agasajos al árbol.
Alabanzas al buen sueño de la savia y a la lúcida labor de la rama.
Serás creída.
Presentas tibia prueba de haber estado atenta
y obediente en el sitio de reposo necesario,
entre la sangre terrestre y el vertiginoso cielo.

Pero fuiste tan diligente como mansa, tan entregada como hábil.
Y tu docilidad fue tenaz y madura en sacrificio astuto,
como el absorbente valle;
como la penetrante ceguera de la planta,
que sepulta su voluntad abriéndose sin embargo
a la próspera libertad respiratoria de los ramos.

De la honda paciencia de la nada, con nada más que espera,
salvaste esta avidez redonda, que de sí misma crece,
y que colocas en el dominio del sol,
como ofreciéndola, pero protegiéndola,
ya que bien sabes que su paternal generosidad desgasta.

Porque supiste, también tú, contener entre tus manos sin que se derrame,
tu creencia, un hueco con sazón que reverbera,
porque un instante de mortal deslumbramiento
has colocado con éxito en la órbita
del tiempo, y en la propia velocidad del sueño
has cavado redondamente con tus palmas,
el cuerpo de tu amor, palpable.

Y aunque esto que dichosamente depositas sobre la luz
tal vez no sea más que el efímero tamaño del aire
que dos manos abarcan,
en lo alto de una danza,
pero porque has hecho lo que todas, antes,
que su pequeñez se viera como un sitio más brillante
que el resto del brillante pero ciego día,
porque has puesto esperanza en un ligero punto de la vida,
ten tu peso en respeto.

Y eres ahora cabal como tu fruto
y sin embargo estás cargada de futuro,
ahora que te has aliviado de la gravidez de una deuda.

Tal vez te sientes horizonte redondo

y un ámbito de benigno porvenir para tu niño.
Y sin embargo es él quien te rodea, inaugurándote.

Procura no agobiar con una sombra posesiva
esta libertad que te depositan
ni loarte por esta imposición con que el destino
te carga, como una honrosa servidumbre.

No terminan de regalarte la tierra.
La tierra termina de conchabarte como a una de las dulces criadas de su séquito.

Enséñale sobre todo a cantar, antes del amor y después de la guerra.



Silvio Mattoni

Es cierto que fui yo la que tiré…

Es cierto que fui yo la que tiré
del telón, pues no podía tolerar
mi propio secreto oscuro. Dije
lo que hice, pero me concedí
un sombrío cortejo: dos delgadas
y alegres mujeres que pudieron
hacerlo también. ¿Quién sabría
decir si fue un efecto
del sufrimiento que las envolvía?
Mis ventajas están en que yo hablo
y me quejo de una fatalidad,
donde el dolor se vuelve casi
una forma del deseo. Entonces
rindo homenaje a mi destino amargo.
Cuando fui a ese lugar que simulaba
la blancura de la asepsia, me apoyé
en los hombros de una amiga;
sus huesos que parecían salirse, su
temblor, me mostraron que yo
la hubiera podido salvar, a ella,
y que al ceder a mi martirio
la condenaba conmigo. Pero ahora
mi tristeza relumbra entre las noches
y los mentirosos días. Después volví
a mi pieza a llorar como si el cuerpo
tuviera una extensión de lo que hago.
Íbamos sobre sombras que mojaba
la lluvia, pisando unos fantasmas
sin rostro. Si pienso en ellos
y en el coro que formábamos las tres,
me pregunto qué nombres, qué sexo
les hubiéramos puesto. ¿Cómo
enumerar eufonías y alfabetos,
genealogías y caprichos, cómo
hacerlo sin recordar la pesadez
de esa anestesia que llamó al secreto?


Traducción: un poema de Charles Bukowski


Charles Bukowski

Nirvana

Sin otra opción
y sin ningún propósito determinado,
él era un joven en un colectivo que cruzaba
Carolina del Norte
hacia
algún lugar.

Cuando empezó a nevar, el colectivo
paró
en un café entre las montañas
y todos se bajaron.

Él se sentó en la barra con los otros,
y pidió alguna cosa
que estaba especialmente buena,
lo mismo que el café.

La moza no era igual a otras mujeres.
No estaba todo el tiempo en pose.
Y estaba llena de un
buen humor natural. El cocinero
decía disparates.
Y el lavacopas desde atrás se reía
con limpias carcajadas.

El joven vio la nieve
que caía detrás de la ventana.
Y se quiso quedar ahí para siempre.
Sintió que todo estaba bien,
que todo era muy lindo ahí,
y que así seguiría.

Entonces el chofer
les dijo a todos que subieran
para seguir el viaje. El joven
se dijo ´yo me quedo,
yo acá me quedo´.

Pero se levantó y siguió a los otros
hasta subir al colectivo. Fue a su asiento,
miró el café desde la ventanilla. El colectivo
arrancó hacia una curva
y siguió su camino cuesta abajo
en dirección al valle. El joven
miraba fijo hacia delante.
Escuchó que los otros pasajeros
hablaban de otras cosas o leían
o intentaban dormir.

No habían visto la magia.

El joven
giró su cuerpo en el asiento,
cerró los ojos,
se hizo el dormido.
No había nada más que hacer.
Sólo escuchar el ruido del motor,
el ruido de las ruedas en la nieve.


El Señor Corominas


La palabra adefesio proviene de ad Ephesios, título en la Vulgata de la epístola de San Pablo a los habitantes de la ciudad de Asia Menor en donde fue maltratado y obtuvo pocas conversiones, en gran parte debido a la fe de sus habitantes por la diosa Diana. De "en vano", "sin fruto" pasó a significar persona o cosa extravagante o ridícula.

La palabra abrojo proviene de la contracción de la frase latina aperi oculos, que advertía sobre la presencia de la hierba y su agresivo fruto, y después se transformó en el nombre de ellos.

Como es sabido, la palabra nimio proviene del latín nimius, que significa "demasiado", "excesivo". Por error el adjetivo fue interpretado en sus contextos de aparición como sinónimo de "pequeño" o "detallado", significado que conservó finalmente.

Dos poemas de gratitud


Oliverio Girondo

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.


Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed

al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire

la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.

Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
agradecido.




Jorge Luis Borges


Otro poema de los dones

Gracias quiero dar al divino
laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas
que forman este singular universo,
por la razón, que no cesará de soñar
con un plano del laberinto,
por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
por el amor que nos deja ver a los otros
como los ve la divinidad,
por el firme diamante y el agua suelta,
por el álgebra, palacio de precisos cristales,
por las místicas monedas de Ángel Silesio,
por Schopenhauer,
que acaso descifró el universo,
por el fulgor del fuego
que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
por la caoba, el cedro y el sándalo,
por el pan y la sal,
por el misterio de la rosa
que prodiga color y que no lo ve,
por ciertas vísperas y días de 1955,
por los duros troperos que en la llanura
arrean los animales y el alba,
por la mañana en Montevideo,
por el arte de la amistad,
por el último día de Sócrates,
por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
de una cruz a otra cruz,
por aquel sueño del Islam que abarcó
mil noches y una noche,
por aquel otro sueño del infierno,
de la torre del fuego que purifica
y de las esferas gloriosas,
por Schwedenborg,
que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
por los ríos secretos e inmemoriales
que convergen en mí,
por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbría,
por la espada y el arpa de los sajones,
por el mar, que es un desierto resplandeciente
y una cifra de cosas que no sabemos
y un epitafio de los vikingos,
por la música verbal de Inglaterra,
por la música verbal de Alemania,
por el oro, que relumbra en los versos,
por el épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído:
Gesta Dei per Francos,
por Verlaine, inocente como los pájaros,
por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
por las rayas del tigre,
por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
por la mañana en Texas,
por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
por Séneca y Lucano, de Córdoba,
que antes del español escribieron
toda la literatura española,
por el geométrico y bizarro ajedrez,
por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
por el olor medicinal de los eucaliptos,
por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
por el olvido, que anula o modifica el pasado,
por la costumbre,
que nos repite y nos confirma como un espejo,
por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
por la noche, su tiniebla y su astronomía,
por el valor y la felicidad de los otros,
por la patria, sentida en los jazmines
o en una vieja espada,
por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
por el hecho de que el poema es inagotable
y se confunde con la suma de las criaturas
y no llegará jamás al último verso
y varía según los hombres,
por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
por morir tan despacio,
por los minutos que preceden al sueño,
por el sueño y la muerte,
esos dos tesoros ocultos,
por los íntimos dones que no enumero,
por la música, misteriosa forma del tiempo.