Con humor sabio, inigualable, sonriendo para sí, nos mira, escribe...



Miguel de Cervantes Saavedra


Al túmulo del Rey Felipe II en Sevilla

       Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla;
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?
       Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla,
Roma triunfante en ánimo y nobleza!
       Apostaré que el ánima del muerto
por gozar este sitio hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente.
       Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto
cuanto dice voacé, señor soldado.
Y el que dijere lo contrario, miente."

       Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.


Diálogo entre Babieca y Rocinante

       -¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
-Porque nunca se come y se trabaja.
-Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?
-No me deja mi amo ni un bocado.
       -Andad, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
-Asno se es de la cuna a la mortaja;
¿queréislo ver? Miradlo enamorado.
       -¿Es necedad amar? -No es gran prudencia.
-Metafísico estáis. -Es que no como.
-Quejaos del escudero. - No es bastante:
       ¿Cómo me he de quejar en mi dolencia
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?


Dos con primera estrofa poderosa



José Ángel Valente


Consiento

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.

No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.

Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día.
y he creído,
soy capaz de morir.



Héctor Viel Temperley


Pampa de Achala

Hay que tirar muy fuerte
para abrir la ventana
del baño, pero el aire
que afeita como el hielo
es Dios de nuevo.

Le digo adiós a un hombre
que miraba el invierno
y tenía una nieta
y un hotel,
allá arriba,
que era como mi casa.
Le digo adiós a un hombre
que se llamó Juan Reymond.

Le digo adiós a un hombre
y a una mujer jóvenes
naufragando en el viento,
sobre nubes y sábanas
y caballos pequeños.

Las nubes, como lunas
húmedas, van pasando
y es como leche de mujer
la pampa
con el caballo al paso.
Ya no veo.


Traducción: Un poema de Emily Dickinson



Emily Dickinson


341

Después de un gran dolor llega una sensación solemne-
y los Nervios se aquietan, ceremoniosos como Tumbas-
El corazón acartonado se pregunta si fue Él quien pudo aguantar tanto,
¿y fue Ayer o hace Siglos?

Los Pies, mecánicos, recorren-
por el Suelo, o el Aire, o la Nada-
un camino sin Gracia
y Descuidado,
un contento de Cuarzo, como una piedra.

Es la Hora del Plomo-
recordada, si es que se sobrevive,
como los que se helaron se acuerdan de la nieve-
Primero- el Frío- después el Estupor- después abandonarse.


Dos diamantinos éxtasis del rey de los poetas



San Juan de la Cruz


Noche oscura

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.


      En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada:


      a oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.

      En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

      Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en sitio donde nadie aparecía.

      ¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

      En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

      El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
y en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

      Quedeme y olvideme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejeme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.




Llama de amor viva

Canciones del alma en la íntima comunicación, de unión de amor de Dios


      ¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.


      ¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
matando muerte en vida la has trocado.

      ¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido
que estaba oscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

      ¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!


Pasan los días huecos, intensísimos



César Vallejo


LVI

Todos los días amanezco a ciegas
a trabajar para vivir;
y tomo el desayuno,
sin probar ni gota de él, todas las mañanas.
Sin saber si he logrado, o más nunca,
algo que brinca del sabor
o es sólo corazón y que ya vuelto, lamentará
hasta dónde esto es lo menos.

El niño crecería ahito de felicidad
                                           oh albas,
ante el pesar de los padres de no poder dejarnos
de arrancar de sus sueños de amor a este mundo;
ante ellos que, como Dios, de tanto amor
se comprendieron hasta creadores
y nos quisieron hasta hacernos daño.

Flecos de invisible trama,
dientes que huronean desde la neutra emoción,
                                           pilares
libres de base y coronación,
en la gran boca que ha perdido el habla.

Fósforo y fósforo en la oscuridad,
lágrima y lágrima en la polvareda.




Pablo Neruda


No hay olvido (Sonata)

Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos?

Si me preguntáis de dónde vengo
tengo que conversar con cosas rotas,

con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón.

No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre.

He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y aparece
en las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.
Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar.