Traducción: un poema de Charles Bukowski



Charles Bukowski


Las chicas que seguíamos desde el colegio hasta su casa


Las dos chicas más lindas del secundario
eran Irene y Luisa, dos hermanas. Irene
era un año más grande, un poquito más alta,
pero era muy difícil elegir entre ellas;
no es que eran simplemente lindas, no:
eran de una hermosura deslumbrante,
tan lindas, que los pibes
nos manteníamos lejos;
nos aterraban Luisa
e Irene, que no eran
para nada creídas, al contrario,
tenían buena onda,
se vestían
un poco diferente
a las demás,
usaban tacos altos,
medias de seda negra,
musculosas
y nuevos accesorios cada día.
Una tarde, mi amigo Juan y yo las seguimos
desde el colegio hasta su casa
-éramos algo así como los chicos malos
y eso se esperaba de nosotros-
y ahí fuimos, caminando
cuatro metros detrás, sin decir nada,
tan solo disfrutando su voluptuoso balanceo,
el ritmo de sus culos.

Y tanto nos gustó que cada día
empezamos a hacerlo, a caminar
detrás de ellas hasta su casa.

Cuando entraban
nosotros
nos quedábamos
afuera, en la vereda,
fumando cigarrillos y charlando.

“Ya vas a ver, un día
van a invitarnos a entrar
y nos van a coger”
le decía yo a Juan

“¿Te parece?”

“Ya vas a ver, estoy seguro”

Hoy,
cincuenta años después,
te confirmo que nunca
nos invitaron a pasar
-no importa qué le hayamos
contado a los amigos.
Sí, es la ilusión, el sueño,
lo que te hace seguir,
antes, y ahora.