Traducción: un poema de Emily Dickinson



Emiliy Dickinson

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Vivo en la Posibilidad-
una Casa mejor que la Prosa-
que tiene más Ventanas-
y Puertas superiores-

Con Cámaras privadas, como los Cedros-
inexpugnables para el Ojo-
y que por Techo Eterno tiene
Tejas del Cielo-

La visitan los Mejores-
para hacer Algo –Esto-
Lo que se desparrama de mi mano
para reunir el Paraíso-


Miran a las mujeres dos en el siglo XVII



Francisco de Quevedo


Hastío de un casado al tercer día

Anteayer nos casamos, hoy querría
doña Pérez, saber ciertas verdades:
decidme ¿cuánto número de edades
enfunda el matrimonio en sólo un día?

Un anteayer soltero ser solía,
y hoy, casado, un sinfín de Navidades
han puesto dos marchitas voluntades
y más de mil antaños en la mía.

Esto de ser marido un año arreo,
aun a los azacanes empalaga:
todo lo cotidiano es mucho y feo.

Mujer que dura un mes se vuelve plaga;
aun con los diablos fue dichoso Orfeo,
pues perdió la mujer que tuvo en paga.



Lope de Vega


Es la mujer del hombre lo más bueno…

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.


Traducción: un poema de Walt Whitman


Walt Whitman


Canción de mí mismo, 11


Veintiocho hombres se bañan en la orilla,
veintiocho jóvenes, todos amigos entre sí.
Veintiocho años de vida de mujer, y todos solitarios.

Ella es la dueña de la casa elegante en la ribera,
se esconde, ricamente vestida, detrás de las cortinas.

¿A cuál prefiere de los jóvenes?
Hasta el más feo le parece excelente.

¿Adónde vas? Te veo
chapoteando en el agua, aunque estés en tu cuarto todavía.

Riéndose y bailando llega al agua la número veintinueve.
Los demás no la vieron, pero ella sí los vio a ellos, y los amó.

Las barbas de los hombres resplandecían húmedas,
el agua les chorreaba desde el pelo largo,
y pequeños arroyos recorrían sus cuerpos.

Un mano invisible recorría también sus cuerpos,
bajó temblando por las sienes, las costillas.

Los jóvenes hacen la plancha, sus panzas blancas combadas hacia el sol,
no se preguntan quién se pega a ellos de pronto,
no saben quién jadea y desciende, suspendida y arqueada,

no saben a quién mojan y salpican.

Traducción: un poema de Walt Whitman



Walt Whitman


Como un Adán, temprano a la mañana

Como un Adán, temprano a la mañana,
que sale de su rústico refugio, fresco, recién despierto,
mírenme mientras paso, escúchenme, acérquense; tóquenme,
toquen mi cuerpo con las palmas de sus manos mientras paso,
no tengan miedo de mi cuerpo.