Traducción: algunos haikus de Jack Kerouac



Jack Kerouac


Haiku



Ignorando mi pan
el gorrión
picotea en el pasto




Un toro negro
y un pajarito blanco
parados juntos en la orilla




Un globo
enganchado en las ramas- Atardece
en la plaza de al lado del zoológico




Esta noche de enero
un sapo enorme
a la puerta de casa




El estadio de fútbol vacío,
un gorrión
da unos saltitos en las gradas




Las suelas de mis zapatillas
están limpias
de caminar bajo la lluvia




Un pajarito
en la antena de la casa.
Tiene algo en el pico.




¿Por qué me estás mirando,
Abeja?
Yo no soy una flor




Kerouac recita imperdiblemente entre rachas de jazz algunos de sus haikus


Traducción: un poema de Walt Whitman



Walt Whitman

Recuerdos del presidente Lincoln.
La última vez que florecieron las lilas del jardín, 3


3

En el jardín de enfrente de una vieja casa, junto a la cerca blanca,
hay un arbusto grande de lilas con sus hojas en forma de corazón verde brillante,
lleno de puntiagudos capullos delicados, con el perfume firme que amo,
cada hoja un milagro - Y de este arbusto
con sus capullos delicadamente coloreados y las hojas en forma de corazón verde brillante,
corto una rama con su flor.

Traducción: un poema de Charles Bukowski



Charles Bukowski


Las chicas que seguíamos desde el colegio hasta su casa


Las dos chicas más lindas del secundario
eran Irene y Luisa, dos hermanas. Irene
era un año más grande, un poquito más alta,
pero era muy difícil elegir entre ellas;
no es que eran simplemente lindas, no:
eran de una hermosura deslumbrante,
tan lindas, que los pibes
nos manteníamos lejos;
nos aterraban Luisa
e Irene, que no eran
para nada creídas, al contrario,
tenían buena onda,
se vestían
un poco diferente
a las demás,
usaban tacos altos,
medias de seda negra,
musculosas
y nuevos accesorios cada día.
Una tarde, mi amigo Juan y yo las seguimos
desde el colegio hasta su casa
-éramos algo así como los chicos malos
y eso se esperaba de nosotros-
y ahí fuimos, caminando
cuatro metros detrás, sin decir nada,
tan solo disfrutando su voluptuoso balanceo,
el ritmo de sus culos.

Y tanto nos gustó que cada día
empezamos a hacerlo, a caminar
detrás de ellas hasta su casa.

Cuando entraban
nosotros
nos quedábamos
afuera, en la vereda,
fumando cigarrillos y charlando.

“Ya vas a ver, un día
van a invitarnos a entrar
y nos van a coger”
le decía yo a Juan

“¿Te parece?”

“Ya vas a ver, estoy seguro”

Hoy,
cincuenta años después,
te confirmo que nunca
nos invitaron a pasar
-no importa qué le hayamos
contado a los amigos.
Sí, es la ilusión, el sueño,
lo que te hace seguir,
antes, y ahora.


Cardenal y el uso productivo de lo pop



Ernesto Cardenal

Oración por Marilyn Monroe

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.

Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú el teléfono!


Cardenal recita el poema



Como latas de cerveza vacías


Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como automóviles que pasaban rápidos por las carreteras
con risas de muchachas y músicas de radios...
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.

Cardenal recita el poema