Uno de Abejas




Alejandro Crotto


Zoológico

a T.

Acelerado humo de colectivos
y de garrapiñada, gritos, globos,
grandes palomas negras, vamos,
acá se abre una fresca fuente de flamencos
a la mañana azul de tanta luz enorme
que enflaquece a los dos osos penosos y polares
de flecos blanco oscuro y amarillos,
y magnifica a la elefanta, su cabeza
arrugada de tierra tranquila,
el ámbar vivo de su ojo; reflejadas
personas parecieran adentro del vacío
cubículo felino, luego echada una sombra
resulta la pantera; ¿y qué añora en su ensueño
sentada, derechita, con la vista perdida
hacia el noreste una nostálgica
suricata…?; el bisonte
de brava barba entreverada
del lomo a la brutal cabeza luminosa
mendiga lengua saca por una galletita; ¡pero cómo:
lo que hay en esa jaula es sólo un par de chimangos!
y el chimpancé a treinta centímetros del vidrio
nos mira para adentro sin relámpago,
con la melancolía laminada como cera
en los ojos abiertos y velados...¡y basta!
que vinimos a ver los animales:
el cocodrilo cruel y quieto, tronco o roca,
clavado solo al sol boca entreabierta
y el avestruz que avanza elástico en su hip-hop afro, ¡chau
asno santísimo, cruza de yegua y de cordero! Vamos, dale,
caminemos, que yo también estoy cansado, por las tipas,
entre estas finas aves de corral con coronitas y colores,
volvamos ¡opa! a la ciudad, los edificios
transfigurados a través de la inflamada cola
del pavo real.