Traducción: uno de Ted Hughes



Ted Hughes


Chaucer


‘Whan that Aprille with his shoures soote
The droghte of March hath perced to the roote . . .’
A viva voz, subida encima de la pirca,
los brazos levantados -un poco por el equilibrio, un poco
por sujetar las riendas de la atención del público imaginario-,
le recitaste Chaucer a un potrero de vacas. Entre el cielo
primaveral, fragante, y el esmeralda nuevo
de los espinos, los crataegus y endrinos,
un arrebato del champange de tu espíritu puro.
Avanzaba tu voz por los potreros hacia el este,
perdiéndose. Pero las vacas te miraban
y se acercaron, les gustaba Chaucer.
Seguiste recitando y recitando. Te parecía
muy bien recitar Chaucer en el campo. Y llegaste
a la Viuda de Bath, tu personaje preferido
de toda la literatura. Estabas como en éxtasis.
Las vacas te rodearon arrobadas, empujándose,
para mirar tu cara, con bufidos
de admiración, atónitas, atentas,
moviendo las orejas para captar mejor
los mínimos matices, a dos metros,
con temor reverente. No podías creerlo. Y no podías
dejar de recitar. ¿Qué iba a pasar
si te callabas? ¿Te atacarían asustadas
por el silencio súbito, pidiendo más? Seguiste.
Y te miraban veinte vacas hipnotizadas.
¿Cuándo fue que dejaste de recitar? No lo recuerdo.
Supongo que las vacas se fueron tambaleándose,
los ojos dando vueltas, como si
las atrajesen con su ración de comida.
Quizá las espanté yo mismo. Pero
tu alta interpretación de Chaucer
era ya eterna. Lo que pasó después
encontró mi atención demasiado ocupada
y cayó en el olvido.