Dos felinos enjaulados


Leopoldo Lugones

León cautivo

Grave en la decadencia de su prez soberana,
sobrelleva la aleve clausura de las rejas,
Y en el ocio reumático de sus garras ya viejas
la ignominia de un sordo lumbago lo amilana.

Mas a veces el ímpetu de su sangre africana
repliega un arrogante fruncimiento de cejas,
y entre el huracanado tumulto de guedejas
ennoblece su rostro la vertical humana.

Es la hora en que hacia el vado, con nerviosas cautelas
desciende el azorado trote de las gacelas,
bajo la tiranía de atávicos misterios.

La fiera siente un lúgubre influjo de destino
y en el oro nictálope de su ojo, mortecino
se hastía una magnánima desilusión de imperios.



Jorge Luis Borges


La pantera

Tras los fuertes barrotes la pantera
repetirá el monótono camino
que es (pero no lo sabe) su destino
de negra joya, aciaga y prisionera.
Son miles las que pasan y son miles
las que vuelven, pero es una y eterna
la pantera fatal que en su caverna
traza la recta que un eterno Aquiles
traza en el sueño que ha soñado el griego.
No sabe que hay praderas y montañas
de ciervos cuyas trémulas entrañas
deleitarían su apetito ciego.
En vano es vario el orbe. La jornada
que cumple cada cual ya fue fijada.