Uno de Francisco - un monólogo dramático


Alejandro Crotto


[…El sermón de la hormiga…]

Amigos, Dios es raro.

Es tan grande que es mínimo.

Él se alegra en el vuelo de una libélula, 
en los puntitos negros de los pétalos rojos,
en el quejido del pichón desplumado,
en la textura ciega de la larva en su boca.

Y va a los túneles temprano a despertar a las hormigas.

La llama a cada una por su nombre de hormiga.

Ellas salen entonces desde la tierra al alba, 
a las gotas gigantes de rocío.

Y yo les aseguro 
que ninguna catedral es más grande que esta hormiga. 

Esta hormiga que ahora se acicala
en la palma desnuda de mi mano.

Porque las catedrales las construyen los hombres, 
piedra a piedra; 
pero a esta hormiga, Dios. 

Ninguna catedral está más finamente trabajada:

  una estructura 
  fiera
  y delicada
  entretejida
  con carbón 
  y azafrán;
  la cabeza 
  maciza
  toda 
  pulida
  y cada
  antena
  es una 
  oscura
  manera
  de captar,
  de ir 
  percibiendo
  el mundo.
  Abajo,
  el ojo
  un fijo
  punto 
  santo:
  negrísima
  milésima
  de vida
  concentrada.

  Gota absoluta.

  Toda 
  su vida
  está entregada.

  Carga feliz 
  su pasto 
  como Cristo 
  su cruz.